sábado, 31 de diciembre de 2011

CONTAR CUENTOS A LOS NIÑOS

   El miércoles, día 4 de enero, a las siete de la tarde, en la Cafetería El Bombón, de Calatayud, las chicas del Club de Lectura Bilbileyendo vamos a contarles cuentos a los niños. Algo muy agradable siempre, y más en estos días de Navidad. Primero irán las criaturas a entregar sus cartas a los pajes de los Reyes Magos y luego vendrán a la Cafetería a escuchar cuentos.
   Está todo el mundo invitado a venir. Si la cafetería se queda pequeña, nos saldremos a la plaza. Venid y si sois adultos y no tenéis niños a los que acompañar, haced que vuestro niño interior, ese niño interior que todos llevamos dentro, disfrute y sonría. Es nuestro particular regalo de Reyes. Sed felices.

viernes, 30 de diciembre de 2011

LA HUÉSPEDA, un poema de Gloria Fuertes

  

   Sin comerlo ni beberlo nos han encerrado en el Cuarto Oscuro 
  -¡ la vida!- 
(¡Qué cuarto de hora tan pequeño!) 
¡Qué cuarto tan pequeño sin ventanas! 


El mío tiene dos puertas, eso sí, 
una cerrada, 
                    -¡ Y sólo Dios sabe donde está la llave!- 
y la otra de par en par... 

   Por ella entra y sale la fulana de la angustia... 
...La dejé entrar en casa, 
y me pidió quedarse, 
me pilló en mal momento, 
y le di manta y todo. 
Vino para una noche, 
y ya va a hacer dos años; 
...empezó a meter muebles, 
y a adularme los versos... 
Otras veces intenta matarme con su vino, 
o con su droga barata de tristeza... 
¡Voy a hacerlo! 
¡Quiero deshacerme de ella!... 

...El Abogado dice que no tengo derecho, 
que ha pasado el período... 
y que ha metido muebles... 
y sigo con la Huéspeda. 
La zorra de la angustia 
anoche llegó mala... 
¿Y cómo voy a echarla 
si me vino preñada de esperanza? 


  (De "Obras incompletas")

GLORIA FUERTES (Madrid, 28 de julio de 1917 – ibídem,27 de noviembre de 1998) fue una poeta (no le gustaba que la llamaran poetisa) española.
   Aunque ella siempre se definió como «autodidacta y poéticamente desescolarizada», su nombre ha quedado ligado a dos movimientos literarios: la generación del 50 y el postismo, grupo literario de posguerra al que se unió a finales de los 40 y del que formaban parte Carlos Edmundo de Ory,Eduardo Chicharro y Silvano Sernesi, y en el que también colaboraron Ángel Crespo y Francisco Nieva.
  Para saber más de la autora: http://es.wikipedia.org/wiki/Gloria_Fuertes

  

miércoles, 28 de diciembre de 2011

EL JUEGUITO DE TÉ, un cuento de Poldy Bird

 
  De porcelana blanca, cascarita de luna, con una rosa rosa y otra amarilla, el juego de té fue sacado de la caja por manos un poco pegoteadas de caramelos, mientras la mirada de mamá Frida aprobaba.
-Jugá mucho con esas tacitas, con esa tetera..., serviles el té a las muñecas, a tus amiguitas... Los juguetes son para gastarlos.
El marido de Frida no estaba tan seguro de querer entregar ese juego que había sido de su niña, la pequeña Miriam Raquel, que ya corre carreras con los ángeles y le riza los rayos al sol.
-Pero cuidalo...-musitó, y le vi un gesto como de querer ubicar hacia el centro de la mesa una tacita que estaba en el borde. Cuidalo... Un cuidalo que quería decir “Era de mi hija..., de mi niña, que ya no puede jugar. Es un poco mi niña..., no la lastimes...”
De porcelana blanca con rosas pálidas...
Unas rosas que contrastaban con tus mejillas arreboladas, Verónica.
Unas rosas delicadas que no se parecían a la torpeza de tus movimientos.
Revoltosa, barullera, trompo, goteando con agua el piso; la teterita llena, convidando a las muñecas, imitando la voz de “la señora” que pone mamá, sin darse cuenta, cuando tiene visitas.
A Frida la conocí en La Plata, cuando fui a firmar ejemplares de mi libro, en una librería. Ella se mantuvo largo rato al margen, mirándome, oyendo lo que hablaba con las demás personas que se acercaban y me hacían preguntas. Por fin (digo por fin, porque en el libro hablo de la muerte, y se trasluce en muchas de sus frases mi temor a morirme joven, como murió mi madre), por fin alguien mencionó la muerte; entonces Frida deshilvanó su voz y dijo:
-Pero perder un hijo es algo de lo que uno no se recupera nunca...
La miré. En sus ojos había, además de tristeza, una especie de súplica, una enorme necesidad de que me dedicara a ella. Y lo hice porque sentí el impulso tremendo de hacerlo.
Me mostró una foto de su niña muerta, una donde Miriam Raquel sonreía descubriendo sus hoyuelos, y su pelo largo brillaba bajo la luz de los focos de la casa de fotografía.
-Tenía nueve años... ¿Sabe?- murmuró-. Yo la fui recuperando a pedacitos en los cuentos que usted escribió para Verónica. Cuando los leía, cobraba vida nuevamente mi niña...
Entonces yo le dije que hacía tiempo que me estaba rondando un cuento para las madres que habían perdido un hijo pequeño... y ella me pidió que ese cuento se lo dedicara a Miriam Raquel. Y para Miriam fue también la dedicatoria que escribí en la primera página del libro.
Frida se fue; al rato volvió con una caja de bombones para Verónica, le dio un beso y me pidió la dirección de mi casa para escribirme cuando sintiera la necesidad de hacerlo.
Pensé, entonces, que si mi libro había servido para darle consuelo aunque fuera a una sola persona, ya tenía su cometido cumplido. Y por primera vez me di cuenta del poder que tenían esas letras impresas.
Apenas unos días de aquello habían transcurrido, cuando Verónica entró de la calle,  diciendo:
-Mamá, abajo está la señora que me regaló los bombones en la librería de La Plata.
-Será parecida...-comenté.
-No, es ella; vino con el marido..., quieren verte..., están conversando con papá, enseguida suben...
Y eran. Frida, con una luz nueva en los ojos y con una sonrisa ancha y blanca que no le conocía. Él, más callado, más cauto, tal vez menos convencido de que mi hija y yo pudiéramos ser depositarias de ese juego de té que traían entre las manos, como un verdadero tesoro.
El juego de té con el que casi no alcanzó a jugar Miriam Raquel.
El juego de te que Frida quería que fuera usado hasta el cansancio o hasta la rotura total por mi Verónica.
El juego de té que el marido de Frida no entregaba del todo...
Por si no hubiéramos estado en casa porque era domingo, ellos habían traído una tarjeta escrita para dejar su valiosa carga en portería: “Cuando nos tienden una mano amiga, sólo podemos decir desde el fondo del alma, muchas gracias.”
“Señora Poldy Bird, dulce Verónica: gracias por ser ambas como son. Dios colme de bendiciones vuestro hogar y, por favor, acepten esto en recuerdo de Miriam Raquel, una niña también muy dulce que debe sonreír desde el cielo porque otra chiquita jugará con algo que fue de ella. La Plata, diciembre de 1970”.
De porcelana blanca, cascarita de luna, con una rosa rosa y otra amarilla..., el jueguito de té fue puesto en su caja, pieza por pieza... Verónica jugó muchas tardes con él...; ella, tan destrozona, tan manos de manteca para las cosas finas, no rompió ni un platito, ni una taza.
-Mamá, ¿dónde está el jueguito de té que me regaló la señora de La Plata?
-No sé..., debe estar por ahí..., entre tus juguetes... El día que ordenes los cajones lo vas a encontrar... ¿No está muy fuerte el televisor? ¿Por qué no vas a bajarlo?
Ella se olvida al momento. Tiene la inconstancia de los ocho años. Algún día le voy a decir que la caja, con el juego de té, esta en... el estante más alto de mi placard. Algún día, cuando sea más grande, le voy a contar esta historia, que ella conoce a medias... y entenderá, estoy segura, por qué guardé el juego antes de que lo rompa... Porque no es solamente un juguete..., es un símbolo..., es todas las madres y todos los padres y todas las nenas sorbiendo agua transparente en tacitas de porcelana blanca..., es la niñez poniendo los dientes bajo la almohada para que el ratón Pérez o el ángel de la guarda le ponga una moneda..., es un globo amarillo soltándose, en la plaza, y estampando en el cielo una mota de oro...
Miriam Raquel: ese jueguito de té no ha perdido del todo el roce de tus manos. Las manos de mi niña lo volvieron más tibio. Y no fue mi egoísmo el que lo guardó en ese estante alto..., sino mis ganas de tenerlo para siempre..., de que tu mamá sepa que otra nena jugó con él, y tu papá sepa... que otra mamá lo cuidó porque esa porcelana blanca, cascarita de luna, nunca va a dejar de ser tuya...


Poldy Bird
“Nuevos cuentos para Verónica”
Ediciones Orión. Buenos Aires, 1975.
 Para leer éste y otros cuentos de Poldy Bird:
http://www.megaupload.com/?d=QHOSHK7N
Para saber más de la autora:
http://www.poemas-del-alma.com/blog/biografias/biografia-de-poldy-bird

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE, un poema de Francisco de Quevedo

 Archivo:Retrato de Francisco de Quevedo.jpg

  Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

FRANCISCO DE QUEVEDO
Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos, conocido como Francisco de Quevedo (Madrid, 14 de septiembre de 1580 – Villanueva de los Infantes, 8 de septiembre de 1645), fue un escritor español del Siglo de Oro. Se trata de uno de los autores más destacados de la historia de la literatura española y es especialmente conocido por su obra poética, aunque también escribió obras narrativas y obras dramáticas.
Ostentó los títulos de señor de La Torre de Juan Abad y caballero de la Orden de Santiago.

Para saber más del autor:
http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_de_Quevedo

CANCIÓN DE NAVIDAD, de Charles Dickens

 
  Para empezar, Marley estaba muerto. No había ninguna duda sobre ello. El certificado de su entierro fue firmado por el clérigo, por el escribano, por el 
empresario de pompas fúnebres y por el que preside el duelo. Scrooge lo firmó 
también, y cualquier cosa que en la bolsa tuviese su nombre debajo, era buena. 
Marley había muerto. Esto debe quedar claro, porque de lo contrario no puede 
resultar nada extraordinario de la historia que voy a contar. 
Scrooge nunca borró el nombre del viejo Marley. La firma era conocida como 
"Scrooge y Marley", unas veces le llamaban Scrooge y otras Marley, pero él 
contestaba a ambos nombres. Le daba igual. 
   Era tacaño el viejo Scrooge, duro y cortante como un pedernal; gruñón, reservado 
y solitario como una ostra. El frío que llevaba dentro helaba sus viejas 
facciones, mordía su nariz afilada, arrugaba sus mejillas, endurecía su forma de 
andar, enrojecía sus ojos, ponía azules sus labios delgados y salía al exterior 
en su voz ronca. 
   Una vez, el mejor día del año, es decir la víspera de Navidad, el viejo Scrooge 
estaba sentado, muy atareado en su despacho. El tiempo era crudo, frío y nevaba. 
Los relojes acababan de dar las tres, pero ya había oscurecido. La puerta del 
despacho de Scrooge estaba abierta para poder echar el ojo a su escribiente, que 
copiaba cartas más allá. Scrooge tenía un fuego raquítico, pero el del 
escribiente era un solo carbón. 
-¡Felices Navidades, tío! ¡Dios te guarde! -gritó una voz animada. 
Era el sobrino de Scrooge. 
- ¡Bah! -dijo Scrooge-. ¡Paparruchas! 



  Para leer "Canción de Navidad", hay que seguir el enlace:
http://www.acanomas.com/Libros-Clasicos/13510/Cancion-de-Navidad-(Charles-Dickens).htm

   Así comienza este famosísimo relato de Charles Dickens, uno de los mejores narradores de todos los tiempos.
  Para saber más del autor:
http://poesimistas.blogcindario.com/2007/09/00134-charles-dickens-biografia-breve.html

jueves, 22 de diciembre de 2011

miércoles, 21 de diciembre de 2011

La Historia Más Bella


Desgastamos con el uso, ya lo dije, las palabras. Pero cuando se dicen con hondura, cuando salen de muy adentro, vuelven a recobrar la fuerza con la que debieron ser dichas, la primera vez que se dijeron.


Veo el Fin al final del libro. Acabo de recorrer entre los brazos y la esperanza de un abuelo una bella historia, la bella historia jamás contada, una historia que solo me ha enseñado el tobillo, pero que se intuye al terminar. La historia de las palabras y los cuentos. La historia de una niña que pierde las ganas de vivir, y que al perder esas ganas de vivir la someten a todo tipo de pruebas para salvarla, y a la que solo salvará la historia más bella jamás contada. Y en la búsqueda de esa historia su abuelo encuentra lo que quería decirle, por encima de la vida la historia más bella  no está escrita en ningún libro, ni es tampoco un cuento. La historia más bella es la vida misma. Y encontrar eso cuesta, aunque uno lo intuya. Y la muerte tampoco es el final, es un principio. Y el dinero tampoco nos da la vida. La vida nos la dan las palabras, porque nombrar, decir y contar es mucho más que leer. Quienes tengan hijos me entenderán a la primera y quienes no los tienen sólo tienen que recordar esas historias gastadas que nos contaban de niños a la luz del hogar o arropados por las mantas en invierno. Historias que sabíamos, mal leídas quizá, pero que nos transportan a otro tiempo, a nuestro tiempo de felicidad extrema, cuando llorábamos por no tener un chupachús pero que fueron nuestros tiempos felices. La historia más bella es una triste y bella historia. Y lo mejor es la evolución de un abuelo desesperado, ver como cambia como empieza a darse cuenta que la vida no es acumular dinero sino acumular historias. Nuestras historias, las que vivimos, las que sentimos, las que se nos pegan a la piel. Las que nos contamos en las noches oscuras, las que nos cuentan en páginas que leemos. Porque leer es vivir en las páginas de libros las historias de otros, es sentir en nuestros ojos historias que otros nos cuentan. Son cuentos de hadas o de demonios pero vivimos en las palabras que nos brindan desconocidos, que conocemos a partir de leerlos. Uno pasea un libro bajo el brazo y lleva dentro lo que otro le cuenta, y en este caso lleva un libro que habla de narrar vidas, vidas de gentes no triunfadoras mendigadas por un triunfador. Historias anónimas que son capaces de salvar una vida, porque la vida es para vivirla y necesitamos que nos cuenten otras vidas a veces para vivir la nuestra o para que nos den un toque en el alma y darnos cuenta que no la estamos viviendo. Contar, leer también es vivir aunque no lo crean. Por eso me ha encantado "La historia más bella", por eso la he leído con una lágrima al borde de los ojos y la he acabado con una gran sonrisa de satisfacción, igual ustedes quieren probar. Sólo han de buscarla y dejar que penetre en ustedes con el dulce recuerdo de la infancia.