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viernes, 20 de enero de 2012

Programa 5 vamos con los libros


Programa 5 de Vamos con los libros con una entrevista al editor Óscar Sipán que nos hace un adelanto de las novedades de Tropo Editores para 2012

jueves, 15 de diciembre de 2011

Fall River


"No me importaría si tanto si fuera más joven  o más vieja. No me importaría si fuera una anciana. ¡Si no sintiera este horrible miedo constantemente! Somos unos pobres pecadores, y todo lo que poseemos y todo lo que sabemos, amamos y recordamos está expuesto al polvo y a la corrosión. Pero no es justo que debamos perderlo todo, después de todos estos años, ¡todo! Es como si fuera contra todo lo que he sabido o lo que siempre esperé sabes. Es como si tuviéramos que ser capaces de llevar una vida decente".

Fall River recoge los relatos de aprendizaje de John Cheever. Confieso que conozco al autor cuando ya se ponía calcetines y llevaba corbata. En éstos todavía anda en camiseta y vaqueros. Pero le sientan bien.
Son relatos escritos entre 1930 y 1940. Pero bien podrían escribirse igual ahora, es lo que tienen las crisis te golpean igual independientemente de las épocas. Sus personajes se las ingenian para conseguir un par de dólares de cualquier manera, con carreras de caballos, pidiendo prestado al banco, lo importante es conseguir un poco de dinero para ir tirando. Como ahora. Esperando que todo mejore, que se consiga un trabajo, que se pueda viajar y cumplir los sueños. La crisis les rodea y les da forma. Y mientras leía pensaba en nosotros, en nuestra crisis, en nuestros sueños incumplidos por falta de dinero, en el agobio que sentirán aquellos que hayan recibido una carta del banco diciéndoles que el desaucio está próximo, en esa edad maldita cuando no eres joven ni viejo y cuando empezar de nuevo ya no entraba en tus planes. En las fábricas que han parado sus ruedas, en el cielo pesado cuando se cierra una puerta, en el invierno cuando espera ser primavera. En vendedores que venden mucho y ganan poco. En aquellos que echan cuentas al final de año y ven los beneficios, mínimos y se plantean si es mejor seguir o parar. En las granjas que alquilan un prado para poder sobrevivir aunque no les guste el tipo al que se lo han alquilado. En el río creciendo.
He pensado en el dinero fácil y he subrayado algo que me parece actual. "Donde quiera que vayas ves a gente guiada por el espejismo del dinero fácil. Pero incluso esos pueblos tiene los días contado. Si eres pobre,  llegará un momento en que tendrás que admitir que lo eres." Y he seguido leyendo. Entusiasmada por esos cuentos que tan bien reflejan ese momento...digo este momento.
Después me he encontrado con otros, con mujeres que sirven mesas, con aspirantes a actrices que prefieren dejar un trabajo porque no les gusta la obra. La ética frente al dinero. Siempre hay una salida si no vendes tus ideales. Es algo bonito. Es algo que olvidamos. 
Quizá el mundo debería leer más. Debería leer estos cuentos en épocas de bonanza porque nos enseñan lo que puede suceder. Porque la literatura refleja también el mundo que fue. Sin cifras macroeconómicas, simplemente mirando dentro de los corazones de aquellos que sufrieron en la década de 1930, que narraban lo que el autor veía. Igual alguno ahora escriba como él. Somos hijos de nuestro tiempo y tendemos a olvidar tiempos pasados.
El tiempo cíclico. La rueda que gira. Mirar a través de sus ojos y ver nuestro presente. Todo eso escrito de un modo magistral en un libro precioso. ¿Alguien quiere más?

Fall River
John Cheveer
Tropo editores

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Virginales


" Me acogía en los huecos en los que a mí me gustaba acurrucarme. Para empezar la besaba por todas partes y después empezábamos a pelearnos"

En Virginales nos encontramos con el estreno editorial de Maurice Pons. Son relatos de 1950 pero poco importa, porque las aventuras y desventuras que nos cuentan se sitúan en ese momento mágico de inicio de la adolescencia y salvando las distancias son vigentes hoy en día. Porque todos hemos sentido ese vacío, ese deseo oculto, ese no saber qué es ser virgen, todas esas sensaciones se reflejan bien en los diez relatos que Pons nos enseña como las chicas enseñábamos de modo inocente nuestras rodillas. En todos nos encontramos con la pureza infantil, con la ternura de los niños hacia las criadas, las niñas, con la maldad de niños que son capaces de perseguir a unos enamorados para fastidiarles. ¿Quién no ha hecho eso alguna vez?  Leyendo Virginales he revido mi infancia, mis juegos, mi ingenuidad, las maldades -qué no lo eran- que hacíamos de niños. He recorrido esa edad con Balzac, con el naña, con La primera Comunión. He disfrutado como un niño leyéndole a él cuando recordaba momentos juveniles.  He disfrutado con todos y cada uno de los relatos, pero sobre todo con Mathilde, con su imaginación desborda, con la maldad que no es maldad, con el deseo de encontrar un paraíso de muertos que viven en medio del desierto. Con eso de que no queríamos hacerle daño, sólo matarla y la traición final, de niños acorralados que confiesan su crimen a los padres. Porque los padres tienen un peso enorme dentro de los relatos, son aquellos que juegan con los niños, y los que los corrigen. Como hacen todos los padres, a veces juegan y a veces regañan. Los padres son los secundarios que no aparecen pero que están dentro de cada relato, la sombra permanente. Los padres pesan en los niños que se hacen mayores, en los que se dan cuenta que ya no son héroes y empiezan a verlos como personas. 
Y si los padres pesan, pesa el descubrimiento del sexo, el ver a las mujeres como otro que nos ellos. Ver las ligas el día de la comunión y darse cuenta que un liguero puede ser un objeto de deseo. Y buscar el deseo en todo, en la criada, en la madre enaguas e incluso creer que a las chicas se les caen las bragas, con la risa que da eso, y pensar que las recogen y las meten en la cartera. Son relatos en definitiva que nos enseñan lo que fuimos y lo que serán. Hacerse adulto sigue siendo hoy igual que entonces cuando los niños andaban en pantalón corto y con piedras en los bolsillos. Es lo bueno que tienen los temas universales, el tiempo no pasa por ellos. De "Los mocosos" hizo Truffaut un corto con éxito. No lo he visto, pero no importa, "Los mocosos" es un relato evocador pero real. Leánlo. Merece la pena.  

Virginales
Tropo Editores
Maurice Pons